jueves, 17 de noviembre de 2016

CULTURA Y TRADICIONES DE SOGAMOSO BOYACÁ

PATRIMONIO HISTÓRICO

Sogamoso, posee un rico patrimonio histórico y cultural, que apenas en recientes años viene siendo redescubierto.
El abandono o la desidia de sus gentes y gobernantes ha hecho que numerosas obras del patrimonio artístico, cultural e histórico del municipio de Sogamoso hayan desaparecido o estén a punto de desaparecer. Tal es el caso dela desaparición de joyas arquitectónicas y pinturas coloniales, como el Oratorio, el Molino de Monquirá, el Arco de Ombachita, el retrato de San Sebastián, a cuya admonición estaba la villa de Sogamoso y había sido regalado por el Emperador Carlos V... o el Rey Felipe II.

 EL MOLINO VIEJO

A la llegada de los españoles al territorio sogamoseño, los principales cultivos que hallaron fueron de maíz. Pero muy pronto fueron reemplazados por trigo y cebada. Entre las primeras construcciones de mampostería que se hicieron en el valle de Iraca sobresalía el molino de Monquirá. Una casona de estilo español, con un molino de piedra movido con la fuerza del río. Este molino funcionó hasta mediados del siglo XX, cuando la fuerza eléctrica lo desplazó con la construcción del molino nuevo, el cual, por su ubicación cerca del hospital de San José, disminuyendo los costos y tiempos de transporte.
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Cerro y Capilla de Santa Bárbara

Ubicación: 5.713142° -72.923630°
La capilla colonial fue reconstruida en 1872 a expensas del sacerdote Francisco Lasprilla Salazar y luego con los aportes del hacendado Lorenzo Vácarez.
En el cerro tutelar de la ciudad se aprecian la "Huella del Diablo", perforación que se atribuye a la pisada de Huitaca, un demonio chibcha, y la primera piedra para el monumento al gran orador sogamoseño Gustavo Jiménez Jiménez, "Mártir del Parlamento". Este monumento está en mora de ser construido para dar cumplimiento a una Ley Nacional aprobada a mediados del siglo XX.
Al oriente de la capilla se edificó el primer gran reservorio del acueducto municipal.

Cerro de Chacón

Ubicación: 5.698610° -72.932750°
Destruido en gran parte para prodigar la arena con que se ha edificado la ciudad, este cerro se convirtió en eje de los misioneros que sobre él plantaron una inmensa cruz de madera. ¿Quién fue el Chacón que prestó su nombre a este accidente topográfico? Algunos afirman que fue un sacerdote español de la colonia, según otros fue un rico soldado de esa época. Falta quien rebusque entre los viejos archivos.
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La piedra de la Paciencia

Una gigantesca dominaba la ciudad de Sogamoso, en un lugar del cual no hay rastros y nadie recuerda.
El acaudalado señor X se dio a la tarea de levantar el velo de misterio que cubría la inmensa mole sobre la cual se leía esta frase, cortada en dos renglones
Si me volvieras... 
vieras....
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MITOS Y LEYENDAS

El fantasma

Durante buena parte del siglo diecinueve, el fantasma fue un personaje que amedrentó a la población, obligándola a recogerse al llegar la noche. Era una blanca figura, de pasos lentos, que solía recargarse en los aleros de las casas esquineras. La sombra que proyectaba a la luz de los faroles de aceite infundía el pánico hasta cuando, con la aparición de la luz eléctrica, se enredó con los cables y estuvo a punto de caer electrocutado... era un simple mortal sobre unos grandes zancos de madera y su tarea, servir de centinela a una banda de ladrones.

La extraña historia de las imágenes trastocadas de Sogamoso y de Monguí

Cuenta la leyenda que el retrato de San Martín de Tours fue destinado al Convento de Monguí, en tanto que el óleo de la Virgen María sería entronizado en la iglesia de Sogamoso. Esta última “tan celebrada por sus prodigios”, al decir de Lucas Fernández de Piedrahita, al parecer no estuvo de acuerdo con quedarse allí y de la noche a la mañana intercambió de aposento con el santo francés. Vanos fueron los esfuerzos de los feligreses al devolver las imágenes a sus lugares. A la mañana siguiente estas estaban bajo el techo de su predilección... y ahí siguen.

El tunjo seductor

El tunjo era un ser bajito, de piel quemada que en medio del arco iris dejaba ver su verdadero rostro de oro, macizo como todas las joyas de los indios que guardaba celosamente en el fondo de las manas y pantanos. "Cuando acaba la lluvia, decían las abuelas, es fácil descubrir el escondrijo del tunjo: está junto a un pantano, donde nace el arco iris". A ese lugar no se debían acercar los niños y mucho menos las mujeres bonitas... los primeros se ahogaban, las segundas resultaban embarazadas

El Ángel Custodio o el ánima del vallado

Ya se habían olvidado las andanzas del fantasma de los zancos, bien entrado el siglo XX, cuando un espectro amedrentaba a los viandantes con sus gemidos. Llegada la noche, solía apostarse en los recodos de los extramuros y su presencia obligaba a que los últimos viandantes tomaran por vías inhóspitas y descampadas, donde eran fácil presa de los ladrones. En cierta ocasión la oscuridad tomó en medio del camino a don Martín Barrera, un acorpado artesano que se dirigía a Río Chiquito con la bolsa llena para pagar los jornaleros de sus maizales. Al pasar frente al cementerio escuchó el jadeo del alma vagabunda que se acercaba entre la neblina y el crujido de los sauces, como obligándolo a entrar al camposanto. El artesano sabía que nadie había resistido la presencia de esta ánima en pena y todo el mundo huía dejando sus haberes en manos de estas ánimas en pena; sin embargo, esperó hasta que la silueta se materializó frente a él y en un dos por tres le propinó una trompada, enviándola entre el vallado. Tras el chapalazo, se escuchó el grito angustiado de un hombre envuelto en la sábana blanca: "¡Sálveme Don Martín! Soy yo, ¡Ángel Custodio!" Los compinches del ánima adolorida tomaron las de Villadiego, dejándola envuelta con su blanca sábana, adornada con los sapos, ranas y sanguijuelas del pantano.